Aunque el estreno del Episodio VII (sí, con mayúsculas) es cosa del año pasado y coincidió con otros grandes "hits" del momento como el juego "Star Wars: Batlefront", creo que aún seguirá coleando bastante tiempo. Por desgracia esto no se debe a su tremenda calidad como película, ni a su genial dirección y guión original de J.J. Abrams, sino por otras cuestiones que son las que me gustaría comentar en estas letras.
Quizá porque es algo que me toca de cerca, nunca he entendido la dificultad para que un guión sea aceptable. No estoy pidiendo una trama genial que te mantenga con la boca abierta en cada giro argumental sino algo, llamemos, decente. Claro que si muchos leéis los esperpentos que se presentaron para la película hay que dar gracias...
El tema es que creo que la crítica que más se ajusta a mi opinión personal es la de estos compañeros de
"El Cine en la Sombra".
No voy a hacer la crítica de la película. Creo que casi todo está dicho ya; sin embargo, sí me gustaría reflexionar sobre cómo una película que no está, ni mucho menos, bien estructurada, ni tiene grandes personajes, ni tiene una historia que te subyuga, puede crear tanta expectación a posteriori. Es decir: todos hemos visto la película (incluso algunos varias veces) y la hemos criticado pero estas lagunas y faltas en la misma, en vez de hundirla en la miseria, lo que ha conseguido es ensalzarla, creando especulaciones, subtramas imaginarias, conspiraciones judeo-masónicas espaciales y un sin fín de otras paranoías del público que ha hecho de esta, admitámoslo, la película más taquillera de todos los tiempos.
¿Por qué?