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Redescubriendo Letras Olvidadas


Aprovechando mi, recién adquirido, tiempo libre y, gracias al impetu y trabajo de un amigo y compañero, he decidido dedicar algo de tiempo (que sigue siendo escaso pese a todo u_u"  ) a mis obras y es que, si existe algo que me guste aún mas que el poker o el Airsoft, eso es ESCRIBIR mis pequeños relatos, cuentos o similares (poemas incluidos jeje).

Así pues, y mientras sigo trasbajando en otros proyectos literarios, he decidido revisar, corregir y registrar algunas de mis obras que guardo con mas cariño, entre las montañas de datos que se apilan en mis discos duros.

Esta vez voy a ofreceros, casi en primicia, una pequeña intro que usé para Comunidad Umbría, para un personaje que, no se sale mucho de los cánones típicos, pero que cogí con cierto cariño (y mas por el nombre jeje). Quizá en un futuro este pj pase a ser protagonista de su propio cuento... quien sabe ^^

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Mas abajo tenéis el texto... íntegro. Aún no lo he puesto en la zona de "descargas" (lateral derecho del blog, en la zona de roles y demas movidas y la parte de "material para descargar" ^^ ). Recordad que cualquier reproducción debe tener cita a su autor ( a mí en este caso XD).

No os doy mas el coñazo... espero que lo disfrutéis!



I.     - EL NACIMIENTO

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Los días y las noches habían pasado. Judas García se agachó despacio, apoyando una de sus rodillas en la húmeda arena del cementerio antes de rebuscar con una de sus manos en su bolsillo. Sus ojos, escondidos tras el vidrio opaco de sus gafas, dejaron escapar lágrimas de dolor y culpa.

Con su oscura gabardina ondeada por el gélido viento y la lluvia empezando a salpicar todo el camposanto, se sentía ínfimo, débil, vencido... Al fin consiguió reunir fuerzas para sacar, con su temblorosa mano, una pequeña cadena, una esclava, de plata con unos grabados en letra latina. Solo era un nombre. Ariadna.

Con todo su pesar se irguió en una oración queda, vacía, como quien recita un salmo sin saber que significado tiene; luego apoyo sus manos en la lapida sin nombre que yacía en frente suyo... una piedra lisa, sin inscripción, sin pasado. Solo un eterno recordatorio para un hombre sin futuro, presente o historia que contar.

Judas coloco de manera cuidadosa la esclava sobre la parte álgida de el pequeño símbolo de muerte y luego, se giro sobre sus pies para recomenzar su vida, hacia el coche que le esperaba mas allá. Con cada nueva pisada de sus zapatos oscuros, con cada nueva gota de lluvia que salpicaba su rostro, Judas sentía que la vida se le escapaba de entre sus frías manos... ahora, y por siempre, tenia algo por lo que su alma ardería eterna en los fuegos purificadores del infierno.

La memoria y la culpa se unieron en una vaga liturgia, para atravesar su alma cual puñal al rojo blanco.

... Quizás ocurrió hacia un año, ¿quien podía saberlo en aquellas condiciones? Ariadna, su bella Ariadna, volvía a casa, discreta, feliz, radiante... Judas nunca la había visto de aquella manera, tan tan feliz; ¿cómo no estarlo? Cuando Judas recibió la noticia no pudo contener el llanto de júbilo. ¡Iba a ser padre! Ariadna y él estuvieron días hablando sobre el futuro, sobre el feliz acontecimiento... sobre el destino...

Las lágrimas salpicaron el volante del coche mientras Judas cerraba la puerta y sus manos apretaban con fuerza el cuero... tan felices... tanto.

...Fue idea de Judas el que los "tres" saliesen aquel sábado en la mañana para pasear por el cercano parque. Fue idea suya dejar aparcado el coche y caminar de la mano, despreocupado y sin reparar en la figura que les seguía a unos discretos pasos. Fue Judas quien se negó a darle la cartera al atracador pero, sin embargo, no fue el quien murió ese mediodía.

Los disparos debían de haber acabado con él, siempre se lo repetía; sin embargo, el "destino" quiso que solo le atravesase el hombro, dejándolo malherido mientras el ladrón escapaba, sin la cartera, ironías de la vida. Solo fue un segundo mas tarde cuando se percato que Ariadna, su bella Ariadna, yacía en un charco de sangre en el suelo. Sus ojos buscaban los suyos en la agonía y una mueca ligera, una sonrisa, ilumino su rostro decadente, cuando vio el gesto de Judas mirándola entre llorosos ojos de tristeza.

Solo una palabra... solo una le permitió Dios, el "todopoderoso" esgrimir ante la muerte que la esperaba.

"Siempre"

Judas murió aquel día. Su alma marchita se consumía abandonando todo a su alrededor. En el periódico no pudieron mantenerle en "activo" por mas tiempo. La casa le fue embargada por impago. Había perdido todo lo que tenía, todo lo que había sido importante para él en esta miserable vida. Ahora no tenía NADA.

Volviendo a su decadente presente, Judas se quito las gafas oscuras y seco sus lagrimas nacientes y se dispuso a arrancar el coche, solo le quedaba reunirse con su amor, Ariadna, la bella Ariadna. Quizás no fuese la manera pero estaba decidido, si ese era el Destino que esperaba a la gente feliz él no quería formar parte de ello. Lo haría.

El coche se alejo del cementerio, abandonando la lapida, la esclava, su pasado y su felicidad...


El intento de suicidio no había cambiado nada. Los eternos días en el internado no cambiaron el hecho de que quisiera morir y, mucho menos, el que los demás se compareciesen de él. Pasaron meses hasta que le volvieron a dar el alta y dejarle en "libertad", pero para aquel entonces ya había perdido lo poco que le quedaba.

Gabardina usada, un traje desgastado y unos pocos dólares; era todo lo que le quedaba después de haber destrozado su viejo coche en el "accidente". Ni familia, ni pasado ni futuro en el que pensar. Nadie se interesaría por él, por su destino o por lo que le había sucedido; todos los que una vez le habían importando estaban lejos y él era el primero en querer permanecer lejos de ellos. El recuerdo podía ser mas doloroso que la propia muerte.

Tras aquello la vida no tenía el menor sentido. Ni siquiera el sentido cínico de los acontecimientos habían evitado que Judas gastase hasta el último de sus dólares en alcohol y mas alcohol.

El whiskey siempre había espantado sus demonios pero, para aquel entonces, estos habían aprendido a nadar y bebían de su misma copa. Parecía como si el de "ahí arriba" solo tuviese tiempo para reírse de él. Aquello era una condena perpetua a desear la muerte. Nada valía la pena ni nada era lo suficiente para acabar con su miseria.


Los días, las semanas, los meses pasaron de comisaría en comisaría, de hospital o albergue a banco en los parques. El tiempo se había detenido en la muerte de Ariadna y Judas nunca pudo avanzar u olvidar derrumbándose en un "proceso acelerado" bajo la espiral oscura de la decadencia humana.

No existió esperanza... hasta aquel día.


Si eres de los que crees que Dios tiene un plan para cada uno comprenderás con facilidad lo que quiero decirte. Si no, solo veras en él un "cambio en el destino" pero, ¿qué es eso mas que una determinación que no podemos evitar?

La noche era fría en la ciudad. Judas bebía una botella de whiskey en su banco. Había estado haciéndolo todo el día desde que le dieron algo de dinero, por mendigar tambaleándose al lado de los juzgados.

Con resignación, su rostro ajado, descuidado y castigado por el frió y el alcohol, miro la botella y la sacudió boca abajo en busca de mas del delicioso néctar pero no había mas... el genio se había esfumado y con él Judas era devuelto de una patada a la mas cruda realidad.

Abatido y mas sereno de lo que hubiese deseado, se dedicó a rebuscar entre las papeleras cercanas, en busca de alguna gota de aquella droga, cuando, pese a todo, creyó escuchar un ruido. Quizás un grito. Quizás un golpe.

Por un brevísimo instante Judas sintió revivir aquel fatídico día, hace tanto tiempo. En su cabeza el alcohol y el frió hicieron alianza de sangre, para devolverle la locura necesaria para pensar que así era y, como si de su propio pasado se revolviese ante él, se dirigió hacia allí corriendo, apartando los matorrales y espinas, tropezando, cayendo al suelo solo para levantarse nuevamente con ese sentimiento acuciante en su corazón.

Al llegar se vio a si mismo. Vio a su Ariadna... pero lo que fue peor es que pudo ver al atracador.

Su furia era tal que no se percató de como la pareja de "asaltados" huían en busca de la policía. Tampoco se percató de que había matado a golpes al atracador, hasta que la sangre bañaba por completo sus manos y su rostro... ¿lo había hecho?

Con el cerebro despejado al fin, Judas comprendió donde estaba, comprendió lo que había hecho, y no pudo sentir sino satisfacción por ello. Su corazón volvió a latir con la vida que tanto le había sido negada.

Los ruidos de la policía y las sirenas le alertaron de su situación y decidió huir lejos de allí. Esa noche había "matado", pero era mas que eso, había "defendido" a alguien como no pudo en el pasado; por ello había perdido a Ariadna, por ello había perdido su vida...

Llegó, con el corazón saliéndose de su pecho, a un callejón de la avenida mas cercana. Su cabeza no pudo mas, rompiéndose como una olla a punto de explotar, echándose a reír a carcajadas como un loco que escapa de su presidio. Se sentía vivo. Sabía lo que tenía que hacer.


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Rebuscando entre la basura encontró algo para limpiarse la sangre y una especie de tela con la que cubrir su rostro. No era mucho pero, a la vez, era muchísimo mas de lo que necesitaba. Quizás ocultar su rostro podía proporcionarle la seguridad que ahora necesitaba.

Las noches fueron pasando despacio para Judas y, poco a poco, consiguió que su finalidad en esta vida se basase en "hacer para los demás lo que no pudo por él". Ahora rondaba las calles, intentando buscar justicia en sus manos, tan solo cubierto como un mendigo mas de la gran ciudad, intentando evitar que la gente buena sufriera al desamparo de Dios.

Al principio la prensa no dio menor importancia de los actos providenciales de Judas pero, debido a algún curioso periodista, pronto se gano una columna esporádica bajo el seudónimo del "Desarrapado". No era mucho, aunque Judas tampoco leía los periódicos.

La verdad es que subsistía gracias a las limosnas del día a día y lo que robaba de los ladrones y asesinos. Sin lugar al que llamar "casa", solo se podía preocupar de su cometido mientras pudiese hacerlo... por Ariadna.

Los caminos del Señor son inescrutables.



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3 comentarios:

David Pardo dijo...

Enhorabuena crack, un estupendo relato. Un placer poder leerte.

Un abrazo.

El_Predicador_YO dijo...

jejejeje

Muchas gracias ;)

En breve ire corrigiendo otros relatos que tengo y cuentos para ir compartiendolos con todos ^^

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